Víctimas de COVID: una conmemoración y tres traiciones
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) llamó el pasado 6 de mayo a un concurso nacional de anteproyectos de arquitectura para un monumento a las víctimas de COVID, con fecha de cierre el próximo 19 de julio. Más allá de las consideraciones que merezca el presupuesto asignado al monumento, e incluso más allá de su eventual concreción o no, en el plan se superponen problemas de criterio que sólo conducirán en la ciudadanía a malestar, irritación, tensiones y reacciones. La situación saca a luz problemas de cultura cívica en el gobierno y en otros actores.
La epidemia y su cuarentena quedarán como marcas trágicas en la memoria de los argentinos, en sentidos que trascienden al estrictamente sanitario: las decenas de miles de muertes atribuibles directamente al juego de negociados y geopolítica que demoró las vacunaciones; la destrucción económica, social, psicológica, cultural, sanitaria, educativa, por efecto de la larguísima cuarentena; el insulto de las vacunas de privilegio, y las fiestas en la residencia del gobierno que a los ciudadanos comunes impedía viajes, visitas, despedidas y funerales; la deriva autoritaria, en funcionarios, fuerzas del orden, y simples ciudadanos que se sintieron llamados a canalizarla; el miedo, impuesto desde autoridades y medios como herramienta para el control de la conducta, en vez de la libertad basada en el conocimiento y la razón. La memoria del daño hecho debería servirnos para extraer lecciones.
El GCBA encargó la organización de este concurso a la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), institución con larga tradición en la organización de este tipo de convocatorias, mediante las que un jurado con representantes del promotor, la SCA y los participantes juzga propuestas anónimas. Además de la selección del proyecto ganador estrictamente en base a sus méritos a entender del jurado, el mecanismo del concurso abierto procura la oportunidad para una participación amplia de la matrícula, y la consiguiente posibilidad de contrastar una amplia diversidad de propuestas arquitectónicas.
Las bases del concurso llaman a presentar anteproyectos para un monumento que sirva como “albergue de las piedras ofrendadas por los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires” sobre el pedestal del Monumento a Belgrano, durante la segunda Marcha de las Piedras, el 4 de septiembre de 2021. Como ubicación para el nuevo monumento se propone el Parque Florentino Ameghino, frente al Hospital Muñiz en Parque Patricios, asignándose un presupuesto de 26 millones de pesos a la construcción y 2.750.000 entre premios y honorarios del ganador, que se suman al costo de organización del concurso.
Sobre el lugar propuesto para el nuevo monumento: el Parque Florentino Ameghino es el ex-Cementerio del Sud (1867-71), colmado a poco de abierto por las víctimas de la fiebre amarilla; hoy un espacio verde de sentido profundamente vinculado a la historia del lugar, con centro en el monumento conmemorativo de aquella otra tragedia hoy cubierto en grafiti. Como referencia sobre el monto asignado a la obra: 22 millones, una cifra similar, fue en los más valiosos pesos de 2019 el presupuesto de construcción que el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte del GCBA asignó al llamado “memorial” a las víctimas del incendio de Cromañón, en el Parque de la Estación a la altura de Agüero.
Las piedras de visita colocadas durante las Marchas, al fin de la cuarentena, son homenaje, recordatorio y reclamo. Las dejadas en Plaza de Mayo, el espacio cívico por excelencia, se presentan además ante un estado y una sociedad civil con responsabilidad en el daño. Las conmemoraciones, los duelos y los reclamos tienen sus tiempos, y las piedras conmemorativas, a modo de flores imperecederas, permanecen como testimonio de los actos conmemorativos que sucedieron en ese lugar –que sigue hoy recibiendo visitas individuales como continuación de aquellas marchas. Trasladar las piedras a un lugar remoto y sin relación, como se propone en las bases del concurso, quitaría significado a la conmemoración, y escondería el recordatorio y reclamo –cuestión de particular sensibilidad ya que las piedras existentes se colocaron sobre el pedestal del Monumento a Manuel Belgrano el 4 de septiembre de 2021 luego de que las dispuestas en la primera Marcha de las Piedras del 16 de agosto frente a Casa Rosada fueran retiradas por el gobierno nacional aquella misma noche.
Ante la reacción que produjo la difusión de la intención de trasladar las piedras, el 16 de mayo el promotor expresó apuradamente a través de los organizadores que “serán trasladadas únicamente aquellas piedras y recuerdos previa voluntad expresa de cada familiar o allegado”, lo que invita a dudar sobre el sentido que quedaría para el nuevo monumento, en un lugar sin relación, salvo el de competir de manera permanente contra la manifestación original temporal. Por una fracción del gasto es posible resolver en Plaza de Mayo una ubicación permanente para las piedras, a modo de sencilla conmemoración respetuosa a la vez de las piedras y del entorno –imaginar la reacción que produciría un intento de retirar los pañuelos pintados en torno a la Pirámide de Mayo para hacerles un monumento en Parque Ameghino u otro lugar sin relación. A quien recuerde el rol del Hospital Muñiz en la centralización, demora de tests y resultados, y propaganda, durante las instancias iniciales de la pandemia, la ubicación propuesta para el espacio conmemorativo podrá parecerle además señal de cinismo o insensibilidad.
A la traición de la responsabilidad del gobierno nacional durante su gestión de la pandemia, y a la complicidad del gobierno de la Ciudad en este segundo intento de eliminar un símbolo molesto para el gobierno nacional, se suma con el concurso la utilización de la SCA por parte del GCBA para legitimar la maniobra vía participación pública, involucrando a más partes en un aspecto acotado del operativo –y el abandono por parte de la SCA, por distracción o por entrega voluntaria, de su misión como actor social en el debate público sobre la ciudad para pasar a funcionar como herramienta de los gobiernos de la Nación y de la Ciudad.
El operativo nos muestra al gobierno de la Ciudad, en sintonía con el de la Nación, persiguiendo agendas desvinculadas del interés de la población, y en este caso contrarias. En el gobierno nacional aparece una línea de continuidad con el retiro de las piedras del 16 de agosto; en el de la Ciudad, la intención hace una burla de las imágenes que suele mostrar de timbreos, consultas telefónicas, y encuestas –como si la proclamada participación fuera mera puesta en escena para revestir de validez decisiones tomadas arbitrariamente, en este caso como gesto conciliador con el gobierno nacional. Las sencillas piedras están profundamente cargadas de significado, y mientras la reflexión no lleve a la revisión de estos planes sólo se generará una reacción enorme contra los responsables y sus habilitadores.
A la izquierda una lápida en Auschwitz, con piedras de visita.
A la derecha, el resultado del concurso disparatado al que llamó GCBA para un sobreactuado monumento a las víctimas del COVID, lejos, con la intención inicial de complacer a la Rosada y quitar las piedras de Plaza de Mayo.
No juzgo acá al diseño ganador sino al llamado a concurso, y el proyecto en general: la intención del GCBA, y la distraída complicidad habilitadora de la SCA.
Material de referencia
Bases del concurso:
Monumento a las víctimas de Cromañón:
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