Crítica a imágenes promocionales del nuevo Edificio del Plata

Sobre arquitectura y ciudad, disciplina y profesión

1. 1954, la estructura durante su construcción (Archivo Fotográfico de la Ciudad de Buenos Aires).

2. 2022, el edificio ya vendido y tapiado (Google Street View).

3. 2023, el edificio inactivo como bastidor para tendido de cartelería publicitaria (Google Street View).

4. 2019, concurso para la nueva sede del BHN, variante del telón superpuesto (AISENSON Arquitectos).


56. 2024, nuevo proyecto para vivienda y locales comerciales, el telón recortado (AISENSON Arquitectos).


Sobre las particularidades de la venta del Edificio del Plata, sobre su no protección edilicia, sobre el nuevo volumen a construir y sobre la pertinencia de cada particularidad de la refuncionalización, sólo cabe a esta altura desear que la experiencia conduzca en este terreno a acción futura más participativa e inteligente –al respecto nos podemos referir por ejemplo a la nota de Jorge Iribarne en ARQ del 27/2/2017. Tomando todo ello como dato, a continuación se comentarán cursos de acción quizás todavía no irreversibles en temas que, a diferencia de aquellas cuestiones más generales, finalmente son competencia exclusiva y responsabilidad irrenunciable, es decir deber, del arquitecto –aquello que hace a cuestiones de orden, sentido y belleza, y que trascienden a la administración del valor inmobiliario de esa capacidad constructiva en esa ubicación y económico de la estructura portante a reutilizar.

El edificio concebido en 1948 para albergar a un renovado Mercado del Plata y oficinas municipales tuvo una génesis accidentada, y en más de un aspecto quedó no nato. La sede del Banco Ciudad resultó un sustituto incapaz de igualar la vitalidad de la escena inicialmente imaginada. Con todo ello, el Edificio del Plata efectivamente existente es una notable obra arquitectónica y un hito urbano, características que se pueden preservar o destruir, y mantiene intactos potenciales que una renovación podría contribuir a realizar o frustrar. Algunas intenciones de diseño que surgen de las imágenes publicadas –por ejemplo, la transparencia a nivel peatonal y el paso hacia Pasaje Carabelas que recrean en parte la idea original del mercado con galería, salón y varios pasos – parecen atendibles; otras no.

Arquitectura

El edificio se componía de un cuerpo principal sobre la avenida y dos menores cortos sobre las calles laterales, todos de planta angosta de doble exposición y una única crujía estructural, con los núcleos de circulación vertical y servicios en los encuentros. Sin necesidad de ver una planta, el orden resulta evidente en la foto de la estructura durante la construcción (fig. 1) Hacia atrás, en el espacio del patio o del hall, había en planta baja un gran salón originalmente pensado para el mercado, salón que con el proyecto aquí comentado desaparecerá para pasar en parte a ser plazoleta (las plantas angostas de doble exposición y gran parte del patio/salón se perderán al prácticamemente duplicarse en el nuevo edificio el espesor de cada ala). El orden del edificio es inseparable del de la manzana; el edificio es la manzana.

El frente a la 9 de Julio refleja ese orden y la escala del espacio urbano que el edificio enfrenta. La apertura de la avenida, demoliendo el tejido entre las actuales Carlos Pellegrini y Cerrito, había expuesto a perspectivas lejanas frontales a edificios preexistentes, levantados sobre terrenos angostos y que enfrentaban originalmente calles estrechas, concebidos independientemente sin el orden unitario hausmanniano de Avenida de Mayo o las diagonales; esas fachadas que en la calle cañón producen en escorzo un efecto unificado y se van reconociendo individualmente en una secuencia animada e interesante, súbitamente expuestas a la perspectiva frontal como telón urbano producen un efecto conjunto penoso; el arbolado urbano afortunadamente enmascara hoy sus niveles inferiores, y sólo por encima asoma hoy como contrapunto el caos accidental. Por su génesis como manzana unitaria el Edificio del Plata, con su frente y su marquesina a escala de la gran avenida, era una de las pocas excepciones. El retiro sin reemplazo de la marquesina, se afirma que a partir de normativa “contra la polución visual” (Clarín 1/2/2010), fue un primer golpe –tanto el frente como la experiencia peatonal eran casos singulares de reconocimiento de la escala de la 9 de Julio, mostraban lo que la avenida podía ser (la marquesina del Teatro Colón afortunadamente sobrevivió).

El esqueleto como ordenador de la expresión arquitectónica del edificio de plantas libres es mientras tanto una expresión moderna –comparar con los otros ejemplos presentados junto con el Edificio del Plata en Revista de Arquitectura 332 de agosto de 1948, mientras se lo incluye como único edificio local en la moderna Nuestra Arquitectura 230 de septiembre de 1948; ambas publicaciones descargables desde la colección de revistas digitalizadas del Centro de Documentación de la Biblioteca de la FADU, UBA). Leer también allí la muy interesante descripción del diseño estructural, nuevamente ajustadísimo al orden arquitectónico y urbano. Hasta las primeras gigantografías colocadas tras la venta del edificio en 2016, cubriendo solamente el paño central, se sometían a este orden más general.

Se trata de un ejemplo de lo mejor de nuestra arquitectura de la época. Y el orden de sus fachadas –la legibilidad de los cuerpos, la medida del entrepiso, el dominio del esqueleto– constituye un valor a preservar, por cuestiones tanto urbanas como de integridad arquitectónica.

Problemas

Frente a esto, las imágenes promocionales muestran una cosmética de envoltorio de paquete de regalos
(fig. 5, 6), con un patrón que cambia de paso vertical como publicitando que por dentro del mismo esqueleto hay en los pisos superiores unidades dúplex, y fragmentación arbitraria a partir de operaciones en los extremos (quizás pensadas para exponer anecdóticamente al esqueleto, en vez de mantenerlo como ordenador general que soporta todo tipo de variaciones; el juego asimétrico de los recortes superpuestos al tendido superpuesto es doblemente indefendible, cualquiera sea su justificación). El resultado se emparenta más con las gigantografías publicitarias que con la arquitectura del edificio (fig. 3, 4); un cartel que aparece a modo de cornisa en una de las ilustraciones hace temer que todo pueda ser incluso peor. Del edificio existente parecen valorarse la ubicación, los metros cuadrados existentes, la estructura portante, y la posibilidad de agregar metros cuadrados; a la arquitectura se la ignora –como cotizando el arte según el valor de los insumos– o se la atropella. Ya sucedió un desastre similar en la planta baja de la Torre Pirelli en Plaza San Martín; todo puede hacerse bien, cuidando la arquitectura, o mal.

Estos aspectos podrían cuidarse en el nuevo edificio incluso con su nuevo programa, preservando en su expresión un profundo vínculo con su orden arquitectónico, su historia, y su rol urbano; y lo sabrían hacer bien los mismos autores.

Llamado

Se planea la reinauguración para 2028 –de modo que quizás no estemos inevitablemente también en este tema, como en 2017 temía Iribarne, ante una muerte anunciada. De otro modo también en este campo el edificio quedará como llamado permanente a una mejor participación en el futuro, ya no sólo en aspectos inmobiliarios y patrimoniales, sino también en los estrictamente arquitectónicos.

Para la disciplina podrán parecer éstas observaciones obvias, elementales. Tal vez pertinentes, sin embargo, cuando en el trajín diario de la profesión –como proyectistas, funcionarios, academia, prensa– de pronto parece perderse de foco lo elemental de la disciplina, y los comentarios al respecto sólo aparecen informalmente, como por fuera del sistema, en las redes sociales.

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